En estas 44horas he pasado de rabia encendida, a rabia con decepción. Una decepción enorme, otra más. Creo que la lista empieza a ser larga, así que debería hacer una lista para que el día de mañana no se me olvide ninguna, ¿quién sabe? igual me bajan el tanto por ciento del IRPF por cada decepción que me haya llevado. ¡¡Dioooosssss!! Qué cabreo tengo, qué impotencia, qué manera de perder el tiempo. Cuando había zarpado en un barco velero que parecía sosegado, que me llevaba a una isla paradisiaca, con frutas de todos los sabores, con animales de todos los colores inimaginables... de repente, sin verla venir, una nube negra desató tal tormenta que sin saber cómo, empezamos a dar vuelta, a tragar agua, a sentir impotencia, a vernos naufragando y lo mejor de todo... sin chaleco salvavidas.
En mitad del temporal, de proa a popa sin poder controlar nuestros músculos, a veces nos cruzábamos e intentábamos darnos la mano, pero apenas rozábamos nuestras yemas.
Aquella unión que parecía tan fuerte, ahora éramos incapaces ni de cogernos los meñiques. ¿Qué estaba pasando? ¿Cómo coger el timón? Varios fueron los esfuerzos, pero de nuevo otro rayo indomable, otra ola arrolladora nos hacía perder el control. La isla se dejó de avistar, ya sólo veíamos electricidad en el cielo, lluvia agitada y un mar revuelto.
Un mar revuelto.
Revuelto de ira, revuelto de sentimientos, revuelto de furia, de deseo, de ganas de haber llegado a la isla sin ningún contratiempo... Pero a veces las situaciones que creemos idílicas no se pueden controlar. Nos desembocan a un puerto donde no queríamos amarrar. Nos hacen darnos de nuevo de bruces.
La madera del velero empezó a astillarse, saltando todos los listones, uno por uno, incluso alguno clavándose en el cuerpo, doliendo como puñales, como una estaca en el corazón. Se desató tal desastre que ya era imposible volver al punto de partida. Temíamos por nuestra vida, por nuestro corazón.
¿Dónde dejamos los sentimientos? ¿En qué puerto se enmarañaron?
En fin, de nuevo la vida me desafía, me hace confiar, me hace entregarme para luego darme la bofetada. Están bien los palos, vamos aprendiendo de ellos, soy lo que soy gracias a mi experiencia, a mi pasado, a las piedras del camino, pero... ¿qué tal un descansito? Creo que me merezco estar en paz, vivir por fin mi cuento de hadas, ser la protagonista de una historia que sí llegue a una isla llena de tentaciones y sueños.
¿Cuándo llegará mi momento?
No hay comentarios:
Publicar un comentario