Vértigo cuando subes muy alto y sientes el vaivén en tu interior... cuando ni siquiera sabes si tienes los pies firmes en el suelo, vértigo. Aún así, es una sensación que produce cierta adicción, o ciertas ganas de ser explorada, a veces incluso entornas los ojos y pretendes escuchar el silencio de tu interior, que sin embargo está gritando, grita hacia el exterior.
Entonces es cuando todo se empieza a hacer tangible, cuando se hace real pero tú vuelas más alto, te enganchas a un soplo de aire, a una brisa desconocida hasta el momento pero que lo envuelve todo con su perfume. Es incluso hipnotizante, incluso llega a marear. Pero cuando quieres darte cuenta, ya has saltado, ya estás casi acariciando la espuma de las olas, el precipicio lo has dejado atrás, estás volando. No sabes hacia donde, pero vuelas. La sensación de vértigo, de inseguridad, es aún mayor pero ya no puedes dar marcha atrás, entonces es cuando te das cuenta de que simplemente estás dependiendo de unas diminutas moléculas de oxígeno que juegan contigo a su antojo... ahora es tarde, no es momento de pensar, es momento de sentir, de volver a cerrar los ojos, simplemente de sentir, de sentir... porque sentir es lo que nos hace estar vivos, sentir hasta donde lleguemos... saborear el leve mareo, inquietarnos por qué vendrá después, y cuando cojamos confianza entre el baile de mi piel y la atmósfera, incluso batear las manos, acariciar el vello, sentir cómo se eriza.
Y seguimos sintiéndolo, porque de eso se trata, de no perder la oportunidad de sentirlo con más fuerza cada vez... seguir bailando con nosotros mismos, con la nube a la que vamos agarrados, porque de eso se trata...
Vértigo, sí, vértigo.
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